EL BUEN VETERINARIO COMBINA TÉCNICAS CLÍNICAS CON AMOR A LOS ANIMALES

 

Julio 23 de 2009

Enlace El Tiempo

 

Al igual que los médicos, pasaron largas horas de estudio entre libros de anatomía, biología o cirugía. Pero a diferencia de los otros galenos, los que siguieron la carrera de Veterinaria deben aprender a batallar con sus peculiares y mañosos pacientes

Dairilí Atagua


RECOMPENSA. A Paolo y a Yira les reconforta ver sanos y recuperados a sus pacientes
PUERTO LA CRUZ.- Ser veterinario o veterinaria es una de esas profesiones con las que sueñan la mayoría de los niños y niñas. La lista la completan ser bombero, doctor, cantante, músico, actor, deportista o quizás maestro.

Niños como Carolina Amaya (de 9 años), Gustavo y Simón Gómez (de 9 y 12) y Valentina Díaz (11), a quienes encuestamos para que nos contaran qué querían ser cuando fueran adultos, nombraron la carrera de Veterinaria entre sus primeras opciones.

“A mí me gustan mucho los animales”, dijo Carolina. “Quiero curar a los perros y gatos. No me gusta verlos sufrir cuando los atropellan o los abandonan en las calles”, agregó sin titubear Valentina.

Esta misma inspiración que manifiestan los chamos consultados, la tuvieron en su infancia muchos de los que hoy son médicos de animales.

En ocasión de la celebración el Día del Veterinario (21 de julio), varios de ellos compartieron con El Tiempo sus experiencias en esta profesión en la que resultan claves los estudios, la práctica, la vocación y hasta el sexto sentido para tratar las patologías que afectan a sus peludos, mañosos e impredecibles pacientes.

Carrera de aprendizajes
Roberto Velásquez es veterinario de la Clínica Bucarito, en Puerto La Cruz. Cuenta que desde pequeño, siempre se vio curando animales

“Mi papá quería que estudiara medicina humana pero yo decidí ser veterinario. No sé hacer más nada. Me gusta. Si no hubiera podido estudiar esta carrera, no creo que hubiera sido exitoso en otra cosa”, comenta Velásquez, quien tiene ocho años de graduado. Cursó sus estudios en Ecuador “para no perder tiempo con los paros universitarios en Venezuela”. Eso lo llevó a obtener su diploma de galeno de animales a los 20 años.

“El veterinario tiene que saber un poco de todo. Es una carrera compleja porque para poder tratar a tus pacientes tienes que interpretar sus síntomas y recabar toda la información que pueda brindar el dueño”, dice Velásquez, quien tiene una especialización en radiología.

A este galeno, una de las situaciones que más le molesta es observar a clientes que sólo tienen canes por simple moda. “Hay quienes no entienden que a los perros hay que llevarlos a consulta y ponerles sus vacunas. He visto gente con dinero que quiere poner a dormir a sus mascotas simplemente porque no quieren pagar el tratamiento. Ahí es cuando yo repito esa famosa frase: mientras más conozco al humano, más quiero a mi perro”.

Agrega que, a diferencia de estos casos, ha visto lo contrario: gente humilde que se esfuerza para que su mascota se cure. “Es cuando entiendes que, al igual que tú, hay dueños que ven a los animales como miembros de una familia”.

Vidas en común
Yira Mayorga y Paolo Gregoriani comparten, además del cariño que les tienen a los animales, una vida en común. Estos esposos dirigen el Consultorio Gregoriani, ubicado en la calle Bolívar de Puerto La Cruz. Tienen una niña que ha heredado esa sensibilidad para tratar con amor a las mascotas.

Paolo, de ascendencia italiana, supo desde chico que ésta iba a ser su carrera. “Mi abuelo era veterinario por vocación. No estudió para ello pero él estaba pendiente de mantener saludables a todos los animales de su granja. Sabía qué medicina usar, cómo curarlos. Yo crecí viendo eso y por supuesto, decidí estudiar la carrera”.

En la universidad conoció a Yira, quien siente una especial predilección por los canes y felinos. “Uno se encariña con sus pacientes. En eso nos parecemos mucho a los otros médicos (de humanos). Ver sanos y curados a nuestros pacientes es nuestra más grande satisfacción”, expresa Mayorga.

Coinciden en que lo más terrible es la crueldad de algunos dueños. “Es inconcebible que alguien te pida que pongas a dormir al animalito de la casa por simple comodidad, porque ladra mucho o tarda en sanar. Esas cosas se ven en esta profesión”, apunta Gregoriani.

Competencia desleal
Carmen Pereira es otra médica de mascotas. Trabaja en la clínica Atención Veterinaria, en la avenida 5 de Julio de la capital del municipio Sotillo.

Graduada en el 96, subraya que siempre le gustaron los animales. Por eso, apenas estaba en bachillerato, no dudó en buscar cupo para alcanzar su sueño.

“Tuve que mudarme a Falcón, lejos de mi familia, ya que allí fue donde conseguí cupo”.

Para esta galeno, los pacientes son lo más hermoso de la profesión. “Lamentablemente, muchos vienen en condiciones difíciles. Sacarlos de la crisis y verlos curados es lo que más satisfacción y alegría me da”.

Comenta que actualmente con el auge de la Internet, esta profesión enfrenta un obstáculo, ya que abundan los dueños que automedican a sus mascotas, siguiendo recetas o indicaciones que consiguen en la web. “Muchas veces la Internet es de gran ayuda pero a veces, se convierte en una competencia desleal para nosotros. Uno se quema las pestañas por cinco años para tener una base académica y saber qué hacer ante una emergencia”.

Resalta que los avances tecnológicos ahora les permiten hacer diagnósticos más precisos. “Equipos como electrocardiogramas, ultrasonido y cirugía láser son de gran ayuda. Pero en realidad, la práctica es lo que hace al veterinario. Cada caso te enseña y te hace mejor médico”.

63 años
Desde 1946, los veterinarios en Venezuela celebran cada 21 de julio su día. La fecha fue establecida como tal a raíz de la realización del Primer Congreso Grancolombiano de Medicina Veterinaria, el cual reunió a médicos y personal de esta área de cuatro países: Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá.