Venta del coral como artesanía pone en peligro a este hábitat
Enero 22 de 2012
Corales blancos del género pocillopora y un coral negro de la especie Myriopathes panamensis (c) se exhiben para la venta en Libertador Bolívar, en Santa Elena.
Muestra del blanqueamiento (muerte) de un ecosistema coralino, en la isla de Wolf del Archipiélago de Galápagos.
Los corales de tipo cerebro (Pavona clavus), como los de esta foto, se destruyen al contacto de anclas o redes de pesca.
Sus intrincados troncos color tierra y su tamaño le hacen resaltar en medio de hileras de corales más pequeños extraídos de su hábitat y que se comercializan en uno de los puestos de venta de artesanías de la comuna Libertador Bolívar, en el cantón Santa Elena, en la provincia del mismo nombre.
Se trata del apetecido coral negro, demandado por turistas por su belleza y utilizado también para la confección de joyas. La extracción para su posterior comercialización de los corales negros registrados en el país está prohibida en el marco del Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites, por sus siglas en inglés), del que Ecuador es parte desde 1975.
Pero su comercialización es evidente a lo largo de la Ruta del Spondylus. Incluso, dentro de la vivienda de un comerciante que evitó identificarse yacía otro coral negro de un metro de alto que aún tiene conchas y caracoles incrustados en su base.
“Este ya lo vendí en $ 200 hace siete meses, pero la señora que me lo compró no ha venido a verlo. El precio depende del tamaño. Llegué a vender uno en $ 500”, comenta este hombre.
Ante la interrogante sobre cómo obtiene estos corales, responde: “Este que no lo han venido a ver se lo compré a un pescador de Puerto López, me dijo que se le había quedado enredado en las redes de arrastre”, refiere este hombre que sustenta a su familia con la comercialización de especies marinas silvestres. En sus estanterías también exhibe decenas de corales blancos y puntiagudos de estructura calcárea.
Más adelante, en la misma cuadra, aparece una mujer que también muestra corales de este tipo que vende a precios que oscilan entre los $ 5 y $ 15. “Yo solo me dedico a venderlos, unos buzos se encargan de sacarlos de la zona de Ayangue y de otros sitios, me cuentan”, refiere ante la pregunta de si conoce sobre la prohibición de vender especies silvestres.
A la venta de corales como artesanías se juntan otras amenazas como las actividades pesqueras, cuando los pescadores lanzan sus redes, como lo que acabó con el coral que se vendió en $ 200.
En la reserva marina del Parque Nacional Machalilla (PNM), en Manabí, donde se han detectado las mayores extensiones de parches coralinos costeros del país, también hay problemas cuando los operadores turísticos lanzan sus anclas al fondo marino. Así lo refieren ambientalistas entrevistados por este Diario, quienes pidieron la reserva de sus nombres. “Hay boyas instaladas alrededor de las islas de Salango y de la Plata para que los barcos se sujeten a ellas, pero algunos operadores igual botan sus anclas por comodidad para dejar a los turistas más cerca de los corales, lo que los destruye. Hace falta difundir el uso de las boyas”, refiere un ambientalista.
La pesca en zonas protegidas también afecta a estos ecosistemas coralinos. Rody Macías, director de Medio Ambiente de Manabí, refiere que desde julio pasado se ha interceptado una embarcación que realizaba pesca ilegal en la reserva marina del PNM, y a cinco más se les inició un proceso administrativo por hacer supuestas faenas de pesca en la zona.
La detección se dio mediante un sistema de control y vigilancia marina que incluye el uso de radares y tecnología satelital, operativo desde julio pasado. Su instalación costó $ 200.000. Cuenta además que en el 2010 se detuvo a un buzo que hacía pesca con arpón en el sector de La Playita dentro del área protegida. “Le aplicamos el máximo de la ley para este tipo de delito que es el pago de diez salarios básicos y el decomiso de los equipos”, asegura Macías.
La falta de infraestructura es una limitante del control. Un yate y una lancha rápida es con lo que cuentan los 23 guardaparques del PNM para controlar las 55.095 hectáreas del PNM, de las que 18.000 corresponden al área marina. “Es un proceso duro. Tendremos otra lancha rápida a partir de febrero”, justifica Macías, quien cree poco probable que los corales negros que se comercializan en Libertador Bolívar hayan sido obtenidos del área protegida. Aunque admite que extraer estos corales es ilegal así no hayan sido sacados de una zona protegida.
Un biólogo marino experto en corales, quien también pidió la reserva de su nombre, menciona otras amenazas como las descargas de aguas turbias y sedimentos. “Los corales necesitan de aguas claras para que ingrese la luz solar, es una de las condiciones para que el ecosistema coralino se desarrolle sin problemas. Las aguas turbias limitan el ingreso de esta luz solar”, asevera.
La erradicación de los chivos que devastaban la vegetación de la isla de la Plata y dejaban sin protección el forraje terrestre contribuyó a reducir la descarga de sedimentos. La isla fue declarada sin chivos en el 2006, antes de la administración de las autoridades actuales.
Aunque ambientalistas coinciden en que hace falta controlar más las descargas que se vierten a lo largo de la costa.
Factores externos como el calentamiento global que provoca un aumento en la temperatura del mar, lo que genera el blanqueamiento (muerte) de los corales, es otra de las amenazas. “Se requiere investigar para conocer los efectos de este fenómeno”, dice un ambientalista.
Hasta el momento se han identificado 23 especies de corales duros en la costa continental y 22 en Galápagos, mientras que se han detectado 29 especies de corales suaves en el continente y 19 en Galápagos.
Precauciones: Para el buceo
No usar aletas de buceo u otros elementos que pueden rozar los parches coralinos y las especies que se alojan en estos ecosistemas.
No pararse sobre los corales ni tocarlos, ya que esto provoca su blanqueamiento (muerte). Ambientalistas recomiendan que las actividades de snorkeling se deben realizar desde la superficie.
Verificar que el encargado del barco se sujete a las boyas instaladas en las zonas de acoderamiento, sin el uso de anclas para evitar afectar a los corales del fondo marino.
Se trata del apetecido coral negro, demandado por turistas por su belleza y utilizado también para la confección de joyas. La extracción para su posterior comercialización de los corales negros registrados en el país está prohibida en el marco del Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites, por sus siglas en inglés), del que Ecuador es parte desde 1975.
Pero su comercialización es evidente a lo largo de la Ruta del Spondylus. Incluso, dentro de la vivienda de un comerciante que evitó identificarse yacía otro coral negro de un metro de alto que aún tiene conchas y caracoles incrustados en su base.
“Este ya lo vendí en $ 200 hace siete meses, pero la señora que me lo compró no ha venido a verlo. El precio depende del tamaño. Llegué a vender uno en $ 500”, comenta este hombre.
Ante la interrogante sobre cómo obtiene estos corales, responde: “Este que no lo han venido a ver se lo compré a un pescador de Puerto López, me dijo que se le había quedado enredado en las redes de arrastre”, refiere este hombre que sustenta a su familia con la comercialización de especies marinas silvestres. En sus estanterías también exhibe decenas de corales blancos y puntiagudos de estructura calcárea.
Más adelante, en la misma cuadra, aparece una mujer que también muestra corales de este tipo que vende a precios que oscilan entre los $ 5 y $ 15. “Yo solo me dedico a venderlos, unos buzos se encargan de sacarlos de la zona de Ayangue y de otros sitios, me cuentan”, refiere ante la pregunta de si conoce sobre la prohibición de vender especies silvestres.
A la venta de corales como artesanías se juntan otras amenazas como las actividades pesqueras, cuando los pescadores lanzan sus redes, como lo que acabó con el coral que se vendió en $ 200.
En la reserva marina del Parque Nacional Machalilla (PNM), en Manabí, donde se han detectado las mayores extensiones de parches coralinos costeros del país, también hay problemas cuando los operadores turísticos lanzan sus anclas al fondo marino. Así lo refieren ambientalistas entrevistados por este Diario, quienes pidieron la reserva de sus nombres. “Hay boyas instaladas alrededor de las islas de Salango y de la Plata para que los barcos se sujeten a ellas, pero algunos operadores igual botan sus anclas por comodidad para dejar a los turistas más cerca de los corales, lo que los destruye. Hace falta difundir el uso de las boyas”, refiere un ambientalista.
La pesca en zonas protegidas también afecta a estos ecosistemas coralinos. Rody Macías, director de Medio Ambiente de Manabí, refiere que desde julio pasado se ha interceptado una embarcación que realizaba pesca ilegal en la reserva marina del PNM, y a cinco más se les inició un proceso administrativo por hacer supuestas faenas de pesca en la zona.
La detección se dio mediante un sistema de control y vigilancia marina que incluye el uso de radares y tecnología satelital, operativo desde julio pasado. Su instalación costó $ 200.000. Cuenta además que en el 2010 se detuvo a un buzo que hacía pesca con arpón en el sector de La Playita dentro del área protegida. “Le aplicamos el máximo de la ley para este tipo de delito que es el pago de diez salarios básicos y el decomiso de los equipos”, asegura Macías.
La falta de infraestructura es una limitante del control. Un yate y una lancha rápida es con lo que cuentan los 23 guardaparques del PNM para controlar las 55.095 hectáreas del PNM, de las que 18.000 corresponden al área marina. “Es un proceso duro. Tendremos otra lancha rápida a partir de febrero”, justifica Macías, quien cree poco probable que los corales negros que se comercializan en Libertador Bolívar hayan sido obtenidos del área protegida. Aunque admite que extraer estos corales es ilegal así no hayan sido sacados de una zona protegida.
Un biólogo marino experto en corales, quien también pidió la reserva de su nombre, menciona otras amenazas como las descargas de aguas turbias y sedimentos. “Los corales necesitan de aguas claras para que ingrese la luz solar, es una de las condiciones para que el ecosistema coralino se desarrolle sin problemas. Las aguas turbias limitan el ingreso de esta luz solar”, asevera.
La erradicación de los chivos que devastaban la vegetación de la isla de la Plata y dejaban sin protección el forraje terrestre contribuyó a reducir la descarga de sedimentos. La isla fue declarada sin chivos en el 2006, antes de la administración de las autoridades actuales.
Aunque ambientalistas coinciden en que hace falta controlar más las descargas que se vierten a lo largo de la costa.
Factores externos como el calentamiento global que provoca un aumento en la temperatura del mar, lo que genera el blanqueamiento (muerte) de los corales, es otra de las amenazas. “Se requiere investigar para conocer los efectos de este fenómeno”, dice un ambientalista.
Hasta el momento se han identificado 23 especies de corales duros en la costa continental y 22 en Galápagos, mientras que se han detectado 29 especies de corales suaves en el continente y 19 en Galápagos.
Precauciones: Para el buceo
No usar aletas de buceo u otros elementos que pueden rozar los parches coralinos y las especies que se alojan en estos ecosistemas.
No pararse sobre los corales ni tocarlos, ya que esto provoca su blanqueamiento (muerte). Ambientalistas recomiendan que las actividades de snorkeling se deben realizar desde la superficie.
Verificar que el encargado del barco se sujete a las boyas instaladas en las zonas de acoderamiento, sin el uso de anclas para evitar afectar a los corales del fondo marino.
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